Cómo un ucraniano de 80 años acabó con un régimen de propiedad al estilo soviético que afectaba a 7 millones de agricultores

Por AJ SKIERA

Viktor Tsytsyura estaba atascado.

Nació en Ternopil, Ucrania, y trabajó durante 15 años en una fábrica cerca de la frontera ruso-mongola. Eventualmente, regresó para ocupar un puesto similar en su ciudad natal, donde él y su esposa Lubov han vivido en el mismo edificio de la era soviética desde 1985.

Viktor y Lubov mantienen una dacha -o casa de campo- y un modesto jardín en las afueras de Ternopil, que visitan casi a diario.

Pero había un problema.

Viktor y su mujer eran demasiado mayores para cultivar la tierra. Pero es ilegal que la vendan. Y no pueden usarla para obtener un préstamo bancario.

Entonces, ¿la tierra era realmente de ellos? Siete millones de ucranianos se enfrentaban a la misma pregunta.

Pasando hambre en el granero

Conocida comúnmente como el “granero de Europa”, Ucrania alberga vastas tierras de cultivo con uno de los suelos más fértiles del mundo. Sin embargo, entre 1932 y 1933, una hambruna orquestada por Stalin -conocida hoy como el Holodomor, una combinación de las palabras ucranianas para “hambre” e “infligir muerte”- mató a millones de personas.

El historiador Timothy Snyder popularizó el término “tierras de sangre” para describir el sufrimiento distintivo de la región de Europa Central y Oriental que comprende los estados bálticos, Polonia, Bielorrusia y la parte de Ucrania en la que Viktor nació hace 80 años. 

Los padres de Viktor trabajaron durante muchos años en una granja colectiva soviética. Tras el colapso de la URSS, unos siete millones de agricultores ucranianos recibieron parcelas del gobierno como compensación por los años de trabajo duro en esas granjas.

Viktor y Lubov preparan pepino fresco, tomate y uvas en su dacha (DignityUnbound.org Fotografía/Bernat Parera).

Entre esos millones de agricultores, los padres de Viktor recibieron casi nueve acres de tierra agrícola en 2001. Pero ya eran mayores y habían superado la edad de trabajar, algo habitual entre las personas que recibieron estas parcelas. Su mejor opción parecía obvia: vender.

Pero no pudieron.

Cuando el gobierno ucraniano distribuyó el equivalente a unos 80 millones de acres de tierra cultivable a sus ciudadanos, también introdujo una moratoria de “un año” para vender esa tierra.

Diecinueve años después, esa moratoria sigue vigente.

Muchos terratenientes han llegado a la edad de jubilación. Y casi un millón ya han fallecido, incluyendo los padres de Viktor.

La moratoria sobre la venta de tierras agrícolas se diseñó para “ayudar” a los receptores de la tierra. Si nadie podía vender, nadie se vería presionado por las empresas o los intereses extranjeros para desprenderse de sus propiedades recién adquiridas. Pero esto dio lugar a consecuencias imprevistas: muchas de estas personas no tenían acceso a ayudas financieras o carecían de las herramientas necesarias para trabajar la tierra eficazmente. Como resultado, gran parte de las tierras recién distribuidas permanecían sin utilizar o se arrendaban por casi nada.

Viktor se sentía “propietario” sólo de nombre porque no podía usar su propiedad de manera provechosa. De hecho, Ucrania es la única nación democrática del mundo que no permite a los propietarios de tierras como Viktor venderlas legalmente.

Una vista aérea de las tierras de cultivo ucranianas en las afueras de Ternopil (DignityUnbound.org Fotografía/Bernat Parera).

Sólo tenía una opción viable: alquilarla por apenas 630 dólares al año, una tasa superior a la media en Ucrania. El suelo es fértil y el agricultor que alquila la tierra de Viktor cultiva trigo, trigo sarraceno, maíz y girasoles.

A pesar de los 30 años transcurridos desde la caída del sistema soviético, Viktor seguía sintiendo los vestigios de la injusticia. 

Pasar a la acción

Viktor estaba harto no sólo de su propia situación, sino de la de otros como él. Acudió a los tribunales locales, sólo para ser rechazado por los funcionarios que le decían que era imposible hacer nada o desafiar la ley.

Un día, mientras veía un programa de debate nacional, Viktor descubrió a Dan Pasko, un empresario ucraniano. Pasko se manifestaba en contra de la moratoria y promovía farmland.in.ua, un sitio web que ofrece recursos para que los propietarios de tierras puedan impugnar la moratoria. EasyBusiness, una organización sin ánimo de lucro con sede en Kiev, se fundó en 2014 tras la Revolución de la Dignidad de Ucrania, con el objetivo de desarrollar políticas para satisfacer la demanda nacional de reformas. Hacer frente a la moratoria fue uno de sus primeros proyectos.

“Una vez que comprendí lo que me estaba sucediendo a mí y a los millones de otros propietarios de tierras, que el Estado actuaba en contra de la ley y violaba la Constitución de Ucrania”, dijo Viktor, “decidí luchar con este país”.

Más de 500 propietarios de tierras registraron su información a través de la plataforma farmland.in.ua, y unos 20 presentaron demandas ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, o TEDH. De ellas, se aceptaron dos casos, incluido el de Viktor. Viktor trabajó con EasyBusiness y con la Unión Ucraniana de Derechos Humanos de Helsinki, una organización legal sin ánimo de lucro, para presentar un caso ante el TEDH en el que se cuestionaba la constitucionalidad de la moratoria, argumentando que violaba la Constitución ucraniana y los derechos humanos de sus ciudadanos.

El camino hacia la justicia

En mayo de 2018, Viktor recibió una noticia increíble.

El TEDH resolvió que la moratoria violaba los derechos humanos de los ciudadanos de Ucrania y que el gobierno ucraniano debía realizar los cambios necesarios en la ley, o bien pagar una indemnización a los propietarios afectados.

A partir de ahí, la batalla se trasladó al Parlamento ucraniano. Y en marzo de 2020, los legisladores finalmente pusieron fin a la moratoria, estableciendo un mercado de tierras para 2021.

Viktor revisa la sentencia del TEDH (DignityUnbound.org Fotografía/Bernat Parera).

“Soy un patriota ucraniano”, dijo Viktor.

“Para que Ucrania alcance la prosperidad, estoy dispuesto a dar mi vida”.

La nueva ley es un paso importante para restablecer los derechos de propiedad de millones de ucranianos, sin mencionar el impulso al potencial económico del país a medida que los residentes de clase baja y media se enriquecen.

La victoria de Viktor no sólo significó que pudo tomar posesión legítima de su tierra. Su lucha hará que millones de otros ucranianos tengan las mismas oportunidades y la misma dignidad humana durante generaciones.

Para apoyar causas como la de Viktor y otros proyectos similares de Dignity Unbound en todo el mundo, visite https://dignityunbound.org/donate .

Traducción al español de IDEAS Labs.