Superar el dilema del forastero: ¿Pueden los filántropos ayudar al mundo en desarrollo?
Por Matt Warner, presidente de Atlas Network

Alex Georges cofundó ENERSA, una compañía de energía renovable en Haití, para ayudar a facilitar la transición de las lámparas de queroseno a la electricidad. Después del terremoto de 2007, la energía solar ofreció una manera rápida y conveniente para proporcionar energía a dispositivos móviles, personal de socorro y aquellos que intentaban reconstruir sus hogares. Su negocio estaba en marcha, preparado para satisfacer la nueva demanda. Pero una ayuda de inspiración humanitaria de paneles solares extranjeros inundó el mercado local, forzando despidos en ENERSA y dejando a Georges cerca de la bancarrota.

Las cosas gratis no siempre son malas, especialmente después de una crisis. Pero para las economías frágiles, la naturaleza impredecible de la ayuda humanitaria puede significar revertir el progreso económico que se ha ganado con mucho esfuerzo. Además, en la práctica, hay poca distinción entre la ayuda de emergencia a corto plazo, que puede ser útil, y los programas de desarrollo a largo plazo, que no lo son. Hoy en día, funcionan como un desdibujado modelo permanente que muchos expertos afirman que está haciendo más daño que bien. La buena noticia es que ahora hay una mejor manera, pero requiere una estrategia filantrópica completamente nueva.

La ayuda no está funcionando

Dambisa Moyo, economista entrenada en la Universidad de Oxford, quien creció en Zambia, escribió, en su libro Dead Aid: Why Aid is Not Working and How There Is a Better Way for Africa: “Los donantes, las agencias de desarrollo y los encargados de formular políticas, en general, han elegido ignorar las señales de alarma evidentes y han continuado aplicando el modelo basado en ayuda, incluso cuando se ha hecho claro que la ayuda, con cualquier apariencia, no está funcionando”. Ella reporta que estudio tras estudio demuestra el fracaso de la ayuda como estrategia para lograr el crecimiento real. Si bien la ayuda podría aliviar una crisis, ella concluye: “La idea de que la ayuda destinada al desarrollo económico contribuye a aliviar la pobreza sistémica es un mito”.

Simon Bland, jefe del departamento británico de desarrollo internacional en Kenia, dijo a la periodista Nina Munk: “Yo sé que, si gastas suficiente dinero en cada persona en un pueblo, cambiarás sus vidas… El problema es, cuando te vas, ¿qué pasa?” Bland ha sido testigo del precario estado de las comunidades dependientes de la ayuda. La ayuda no sólo contribuye a los problemas de inestabilidad, la ayuda retrasa y distorsiona el sendero para el tipo de desarrollo sostenible que esas comunidades necesitan para el crecimiento a largo plazo y la independencia.

Munk, una editora colaboradora de la revista Vanity Fair, pasó seis años siguiendo de cerca a Jeffrey Sachs, quizás el experto en desarrollo más famoso a favor de más ayuda. Munk comenzó el proyecto pensando que sus informes podrían ayudar a crear conciencia acerca del Millennium Villages Project de Sachs con un valor de US$120 millones, una estrategia integral diseñada para ayudar a las aldeas pobres a dar el gran salto hacia el desarrollo económico. Al final, publicó una evaluación poco halagadora titulada “El Idealista: Jeffrey Sachs y la búsqueda para eliminar la pobreza“, que detalla cómo su enfoque está teniendo un efecto devastador en el desarrollo económico.

Ella escribió: “Las observaciones de Jeffrey Sachs sobre el terreno eran necesariamente limitadas, por las presiones del tiempo, por el lenguaje, la cultura, la educación, los antecedentes, las ideas preconcebidas y los modelos de pensamiento arraigados”. Ella añadió: “En efecto, [Sachs] quería que confiemos en él, que aceptemos, sin cuestionarnos, su enfoque para acabar con la pobreza, que participemos en una especie de pensamiento mágico colectivo”.

Munk observó de primera mano los costos de ese “pensamiento mágico”, en este caso la creencia de que un forastero con conocimiento limitado puede resolver los problemas económicos de otras personas. El resultado es, ejemplo tras ejemplo, de inversiones importantes en nuevos cultivos que no encontraron compradores, en nuevos centros de comercio que no encontraron comerciantes y en nuevos puestos de trabajo que no se pudieron sostener. Incluso cuando los esfuerzos tuvieron resultados positivos, no pudieron continuar sin ayuda adicional, un resultado completamente contrario con el propósito y el discurso detrás de la estrategia de desarrollo de Sachs.

La mayoría de los profesionales en áreas relacionadas están muy conscientes de estos problemas y, durante más de una década, han intentado superarlos por medio de un mejor diseño de programas. Esos esfuerzos han puesto de relieve la necesidad de alcanzar el desarrollo de manera diferente, pero, debido a que no capturan adecuadamente la influencia debilitadora del forastero, no logran alcanzar una prosperidad duradera para los necesitados.

Las instituciones importan

Cuando se trata de alcanzar la prosperidad, hemos aprendido que las instituciones como los derechos de propiedad, el Estado de Derecho y los mercados libres son fundamentales. Durante décadas, organizaciones internacionales y gobiernos han impulsado alguna versión de ese tipo de reformas de consenso de arriba hacia abajo como condiciones para el comercio, la ayuda y el crédito—a menudo con resultados trágicos.

Hemos aprendido de la manera difícil que es poco probable que los sistemas de derechos de propiedad “perduren” si son importados. Por el contrario, tienen que desarrollarse desde dentro, cultivados localmente, para garantizar su aceptación y—lo que es más importante—como un medio para descubrir los mecanismos culturales particulares necesarios para que las normas informales logren una suave transición hacia sistemas formales que funcionen bien.

En Sudáfrica, por ejemplo, la titulación de tierras aumentó para los inquilinos de viviendas del gobierno post-Apartheid solamente después de que la Free Market Foundation, una organización local no gubernamental que defiende los derechos de propiedad de los pobres, lideró un esfuerzo de reforma comunitaria que se basó en la participación voluntaria. Este enfoque tuvo éxito en fortalecer la institución de los derechos de propiedad porque fue impulsada principalmente por las decisiones individuales de sus beneficiarios.

En su libro Why Nations Fail, los autores Daron Acemoglu y James Robinson apuntan a la importancia de conseguir buenas instituciones, pero, al mismo tiempo, aportan la idea fundamental de que “No hay dos sociedades que creen las mismas instituciones”. Las instituciones exitosas pueden tener muchas cosas en común, pero su diseño—y el proceso para alcanzar ese diseño—es, necesariamente, idiosincrásico y es muy probable que fracase si lo planea una mente u organización externa. Como el economista James Buchanan, ganador del premio Nobel, explicó una vez, el orden se define en el proceso de su aparición.

Gobiernos extranjeros: Los forasteros supremos

Considere esta verdad incómoda: a pesar de que puedan existir diferencias con respecto a la motivación y la intención, la arrogancia intelectual actual sobre el desarrollo económico sigue de cerca los pasos de una larga e inquietante historia de paternalismo entre los países ricos del mundo y aquellos menos desarrollados. La filosofía prevaleciente de la ayuda tiene sus raíces en un pasado colonial. En su libro, Acemoglu y Robinson describen ese pasado en toda su brutalidad y le atribuyen parte de la culpa por el estado de los gobiernos más disfuncionales de hoy en día a ese legado. Incluso entonces, las motivaciones tempranas estaban enchapadas en la intención de ayudar. El biógrafo Adam Hochschild explicó cómo el monstruoso rey belga Leopoldo II, quien infamemente gobernó el Congo, a finales del siglo XIX, con un desprecio casi absoluto por el sufrimiento humano, reclutó a los mejores exploradores del mundo describiendo la misión exclusivamente en términos altruistas, prometiendo abolir el comercio de esclavos y, como medio para mejorar sus instituciones legales, “procurarles arbitraje justo e imparcial”.

Este legado se refleja en el sesgo que se mantiene hoy a favor de la experiencia técnica y las soluciones centralmente planificadas. Ciega al forastero a la premisa defectuosa de que uno puede y debe resolver los problemas económicos en nombre de los pobres.

En su último libro, The Tyranny of Experts: Economists, Dictators, and the Forgotten Rights of the Poor, William Easterly, profesor de economía de la Universidad de Nueva York y codirector de su Development Research Institute, traza la progresión histórica del sesgo autoritario inherente en el desarrollo económico internacional liderado por el Estado y advierte que “la exhortación de que todas las discusiones sobre el desarrollo deben conducir . . . a una acción filantrópica recomendada inhibe el pensar claramente.”

Es un punto importante porque es mucho lo que está en juego. El economista Chris Coyne es el autor de Doing Bad by Doing Good: Why Humanitarian Action Fails. Coyne observa: “Con el tiempo, la acción humanitaria se ha entrelazado cada vez más con los objetivos más amplios de política militar y exterior de los gobiernos”, lo que hace que el dilema sea mucho más difícil de tratar para los filántropos bien intencionados en el ámbito del desarrollo económico.

La investigación de Coyne confirma los problemas creados por la arrogancia del forastero. Demuestra minuciosamente cómo el enfoque dominante y en rápida expansión liderado por el Estado “ignora o resta importancia a los complejos sistemas económicos, legales y políticos que sustentan la eficacia de las organizaciones e instituciones diseñadas”. El resultado desafortunado no es solamente un desarrollo económico fallido, sino un sistema geopolítico aún más vulnerable a los conflictos de intereses y la corrupción.

Al igual que Easterly, Coyne no ofrece una gran alternativa filantrópica, pero, en su capítulo final, escribió: “El enfocarse en maneras para . . .  remover las barreras a la libertad económica producirá beneficios significativamente mayores que aquellos de la ayuda extranjera mejor gastada.” Esta observación hace eco del énfasis de Easterly en restablecer los derechos económicos de los pobres, pero como forasteros, todavía nos deja en el mismo dilema. ¿Cómo podemos ayudar a los pobres del mundo si la intervención en sí misma es parte del problema?

El dilema del forastero es lamentablemente subestimado, incluso ignorado. Los gobiernos extranjeros continúan gastando grandes sumas en proyectos de desarrollo. Al ignorar el dilema, en lugar de enfrentarlo de frente, nos están distrayendo de encontrar una solución y, en cambio, nos conducen, de hecho, a un territorio peligroso.

Soluciones a corto plazo versus soluciones a largo plazo

Considere que, en 2017, uno de los debates más prominentes en el desarrollo económico enfrentó a Bill Gates contra el experto en desarrollo Chris Blattman con respecto a si entregar pollos o dinero en efectivo a las personas en condición de pobreza. Ambos casos nacen, sin duda, de motivaciones nobles, pero ninguno de los dos representa un método probado para alcanzar la prosperidad y ambos se apartan completamente de lo que ha demostrado ser el problema importante: las instituciones prevalecientes en donde vive la gente pobre.

Las investigaciones muestran que cuando las personas pobres se trasladan a países con derechos económicos para los pobres, ellos prosperan. Como lo explica Lant Pritchett, experto en desarrollo de la Universidad de Harvard: “No hay gente pobre. Hay gente viviendo en lugares pobres”. Darle a alguien un pollo o una pequeña suma de dinero en efectivo servirá de poco en un país que hace que sea casi imposible para ellos ser productivos, debido a que hay demasiadas barreras para emprender y muy pocos derechos económicos legalmente garantizados.

Esto nos lleva de vuelta a nuestro dilema. Si no encontramos una manera de eliminar las barreras al libre ejercicio de los derechos económicos, todos los demás enfoques fracasarán. Como explica el Premio Nobel del 2015, Angus Deaton, en The Great Escape: Health, Wealth, and the Origins of Inequality: “Cuando las condiciones para el desarrollo están presentes, no se requiere ayuda. Cuando las condiciones locales son hostiles al desarrollo, la ayuda no es útil y hará daño si perpetúa esas condiciones”.

Por supuesto, debemos tener mucho cuidado antes de descartar como insignificante lo que un modesto regalo en efectivo o un pollo podría representar para un individuo o una familia. Al mismo tiempo, sin embargo, también debemos concentrarnos en el problema más grande que, de resolverse, podría tener un impacto mucho más amplio. Coyne cita al teórico político y filósofo moral Michael Walzer, quien escribió: “Es, por supuesto, inmediatamente necesario para alimentar a los hambrientos, para detener la matanza. El alivio viene antes de la reparación, pero la reparación, a pesar de los riesgos que conlleva, siempre debe ser el objetivo a largo plazo—para que las crisis no se conviertan en “recurrentes y rutinarias“. Se puede aceptar ese desafío preservando al mismo tiempo un sano respeto por el dilema del forastero, pero tomados juntos, requieren un enfoque radicalmente diferente para ayudar a los pobres del mundo. Resulta que este enfoque ya está surgiendo.

Una nueva estrategia para los forasteros

En la India, el año pasado, el Centre for Civil Society (CCS) impulsó con éxito la eliminación de los requisitos mínimos de capital para las nuevas empresas, una práctica que supone una carga desproporcionada para los pobres. El CSS anticipó correctamente que esta reforma impactaría en el puntaje de la India en el informe “Doing Business” del Banco Mundial, una evaluación anual de 190 países que mide la facilidad con la que sus gobiernos permiten el ejercicio de los derechos económicos.

Atlas Network apoyó este año una nueva investigación que muestra la relación entre ese tipo de reformas, de acuerdo con la medición del reporte “Doing Business”, y los cambios en la pobreza. En la próxima edición de 2018, el informe incluirá el hallazgo de que por cada aumento de cinco por ciento en la puntuación, la pobreza se reduce un punto porcentual.

Aplicando estos hallazgos a lo que el Centre for Civil Society logró, eso se traduce en el equivalente a que 321.000 personas salgan de la pobreza en la India. Lo que resulta más alentador es que la India no fue el único país que experimentó reformas el año pasado. De hecho, tan solo en los dos últimos años Atlas Network apoyó proyectos de reforma en 29 países, con victorias para el alivio de la pobreza en 10 y contando.

La red global incluye más de 475 centros de pensamiento independientes, como el Centre for Civil Society, en más de 90 países. Cada uno de ellos promueve su propia agenda de reformas basada en los principios de una sociedad libre y en los derechos económicos necesarios para que todas las personas alcancen el bienestar financiero.

Esas organizaciones representan el eslabón que faltaba entre la necesidad de eliminar los obstáculos al libre ejercicio de los derechos económicos, por un lado, y la necesidad de cultivar soluciones localmente para tender puentes entre las normas informales de hoy y las instituciones fuertes del mañana, por el otro.

Esto representa una nueva estrategia, una que supera el dilema del forastero, mientras se construye sobre la sabiduría y las advertencias de Deaton, Moyo, Munk, Acemoglu, Robinson, Easterly, Coyne y otros, y está funcionando.

Pequeñas reformas, gran impacto

Los resultados estadísticos son alentadores, pero también podemos mirar hacia una visión más amplia sobre la naturaleza del crecimiento y el desarrollo para determinar que esta estrategia es el mejor camino a seguir. Los expertos en emprendimiento y en desarrollo económico William Baumol, Carl Schramm y Robert Litan enfatizaron en su libro Good Capitalism, Bad Capitalism la importancia de la libertad económica para alcanzar el crecimiento, particularmente en países con altos niveles de pobreza. Al reconocer las realidades políticas a las que se enfrentan muchos países, concluyeron que se podrían obtener resultados significativos incluso al lograr reformas “políticas en el margen” (énfasis en el original).

¿Cómo identificamos esas políticas marginales? En esencia, por su asociación con respuestas afirmativas a las siguientes cuatro preguntas:

  1. ¿Es fácil iniciar, hacer crecer y cerrar un negocio?
  2. ¿Es fácil recibir las recompensas del comportamiento productivo (Estado de Derecho, libertad contractual, derechos de propiedad, impuestos simples)?
  3. ¿Es difícil recibir las recompensas del comportamiento improductivo (fraude, robo, búsqueda de rentas)?
  4. ¿Es difícil detener a los competidores, excepto mediante la competencia (barreras al comercio y a la inversión)?

Esas son el tipo de políticas medidas por el reporte “Doing Business”. De esos cambios en las políticas, Baumol y otros escribieron, más adelante: “Estos no son asuntos pequeños”. Y continuaron: “Tomar algunos o todos estos pasos puede conducir rápidamente a resultados”. De hecho, citaron el reporte Doing Business, donde “documenta saltos bruscos en el número de empresas registradas y aumentos en las inversiones empresariales en países que han simplificado sus sistemas de registro de empresas”.

Un ejemplo de ello es el de Nepal, donde la organización no gubernamental local Samriddhi Foundation dirigió una campaña de investigación y promoción diseñada para facilitar a los empresarios de bajos ingresos la puesta en marcha de un negocio. Como resultado de ello, las nuevas microempresas no pagan derechos de registro y se les exime del pago de impuestos sobre la renta durante los primeros cinco años de operación, un período crucial para un nuevo negocio. Además, los ministerios gubernamentales ya no pueden mantener a los ciudadanos productivos de Nepal en un limbo burocrático. Las nuevas normas exigen que las solicitudes de negocios sean aprobadas dentro de 30 horas a partir de su presentación, un pequeño cambio que probablemente tendrá un gran impacto.

Alcanzar el desarrollo de manera diferente

En conjunto, esto significa que el dilema del forastero puede ser superado con una nueva estrategia para el desarrollo económico que parte del reconocimiento de que los forasteros no pueden diseñar eficazmente soluciones locales. Los centros de pensamiento independientes locales con el conocimiento, la capacidad y la ambición de eliminar las barreras a la libertad económica y restablecer los derechos económicos son los mejor calificados para hacerlo.

La nueva estrategia también reconoce que la forma más práctica de avanzar en muchos países es simplemente eliminar las barreras a la libertad económica que impiden que los empresarios y las personas comunes sean productivos y esas reformas son significativas. Al concluir su último libro, Easterly aclara que tiene esperanzas en el futuro porque incluso “un cambio positivo incremental en la libertad producirá un cambio positivo en el bienestar para los pobres del mundo”.

Además, la nueva estrategia reconoce que hay un papel para los forasteros. Los filántropos pueden apoyar proyectos locales de investigación y promoción de causas en todo el mundo. Pueden financiar organizaciones independientes comprometidas con las reformas que construyen y fortalecen las instituciones necesarias para el desarrollo económico. Con los recursos actuales, los centros de pensamiento de todo el mundo están constantemente logrando reformas significativas y cada una de esas reformas tiene un impacto medible en índices clave y beneficios positivos y medibles para los pobres.

Con más ayuda, pueden lograr aún más.

Los pobres del mundo necesitan mejores lugares para vivir y trabajar donde sus esfuerzos productivos no sean bloqueados o castigados. Los centros de pensamiento que lideran su causa en casa han demostrado que pueden lograr resultados y, al hacerlo, se han ganado la confianza de filántropos que están dispuestos a superar el dilema del forastero al poner su apoyo en lugares donde realmente puede marcar la diferencia.

Los programas de ayuda de hoy en día nunca lograrán los grandes resultados que realmente deseamos: el fin de la pobreza en todo el mundo. Nuestra mejor oportunidad para alcanzar este objetivo es promover una estrategia que reconozca, en su esencia, el conocimiento y el liderazgo cruciales que solamente la gente local puede proporcionar para su propio éxodo desde la pobreza.

Con humildad, los forasteros pueden ayudar al apoyar a las organizaciones no gubernamentales independientes que promueven las reformas institucionales que han demostrado mejorar los derechos económicos para los pobres y la prosperidad económica para todos. Entonces, los individuos que actúan por sí mismos se encargarán del resto.

Se necesita un enfoque diferente. Un enfoque diferente está funcionando. Empecemos a hacer el desarrollo de manera diferente hoy.


De acuerdo con una nueva investigación encargada por Atlas Network, un aumento del cinco por ciento en la escala “Doing Business” representa una reducción de un punto porcentual en la pobreza.

Para profundizar en la investigación, visite: AtlasNetwork.org/DoingBusinessNote para descargar y leer la nota completa del fundador del reporte Doing Business del Banco Mundial, Simeon Djankov, Dorina Georgieva y Rita Ramalho.