Una Revolución en la Toma de Decisiones

Publicado por en Jul 18, 2013 en IDEAS en Acción | 0 comentarios

Una Revolución en la Toma de Decisiones

Luis E. LoríaEl “volumen, velocidad y variedad” de los datos disponibles actualmente es suficiente para hacer a un lado a las viejas técnicas informales basadas en evidencia anecdótica, de acuerdo con Erik Brynjolfsson, mi antiguo profesor en el Sloan School of Management y Director del Center for Digital Business de MIT. Brynjolfsson habla de una revolución en la toma de decisiones impulsada por datos (‘data-driven decision making’—DDD). En un artículo reciente, junto con Lorin Hitt (Wharton) and Heekyung Kim (MIT), analizó a 179 grandes empresas que cotizan en bolsa y encontró que las que adoptaron ese método son, aproximadamente, 5% más productivas y rentables que sus competidores. Adicionalmente, el estudio encontró una relación entre este método y otras métricas de desempeño, como utilización de activos, retorno sobre capital y valor de mercado.

A pesar de que las oportunidades y beneficios para las empresas resultan evidentes, el incorporar la DDD representa un desafío para los líderes de los negocios tradicionales. Brynjolfsson explica que el método tradicional—en lugar de aprovechar la inmensa cantidad de datos disponibles—dependía de preguntar a la opinión de la persona mejor pagada (‘highest paid person’s opinion’—HIPPOs). Ante la evidencia, resulta imposible defender el método de las HIPPOs frente al de DDD, en el ámbito empresarial.

Estos hallazgos tienen implicaciones importantes en términos de políticas públicas y de posibilidades para mejorar el uso de conocimiento disperso, la inteligencia colectiva, la capacidad de co-crear—mediante una participación activa de los ciudadanos—soluciones creativas e innovadoras para mejorar la productividad, generar más riqueza y prosperidad.

El método tradicional de la política pública, hasta la fecha, depende de las HIPPOs que emanan, en este caso, del encargado de política pública, el ‘policy-maker’. Hasta hace pocos años, los ciudadanos no tenían más remedio que confiar ciegamente su destino a quienes, ya sea por los votos en las urnas o por un nombramiento político, se le ubicara en un puesto de decisión. Es más, el método de las HIPPOs en la política pública promovió, con enorme éxito, la creencia de que quienes ocupan, de manera transitoria, los puestos desde donde se define, en buena medida, el destino del pueblo son: i) omniscientes (cuentan con conocimiento perfecto, muy superior al del resto de los ciudadanos) y ii) benevolentes (están dispuestos a renunciar a sus intereses individuales para promover algo que pueda considerarse como el ‘bien común’).

La realidad del ‘policy-maker’ tradicional es, sin embargo, radicalmente distinta, tal y como la describe, con transparencia y sinceridad, don Eduardo Lizano en “¿De lo obvio a lo risible? Algunas reflexiones sobre la formulación y ejecución de la política económica”. Desde las primeras líneas, don Eduardo explica que el ‘polícy-maker’ no necesariamente deja en su casa sus intereses personales, su ideología o su afinidad partidaria para ponerse, al asumir su nuevo cargo, la camiseta del pueblo, para defender los intereses de la mayoría por encima de los suyos. En materia de políticas públicas, como enfatiza en la cita de Harry Johnson, hace mucho que se “superó la creencia de que un individuo puede ser neutral…”

Las nuevas tecnologías, el Internet y los medios sociales han permitido a los ciudadanos, en todos los países, acceder a nuevas y mejores fuentes de información, que no son otra cosa que el combustible necesario para encender la DDD. Los ciudadanos potenciados por el nuevo conocimiento—especialmente de las nuevas generaciones—sienten, con toda razón, que tienen mucho que aportar al diseño e implementación de los problemas que los afectan y demandan mayores espacios para el diálogo y la discusión con los ‘policy-makers’.

El desafío que enfrentan los líderes políticos tradicionales, los partidos políticos, las estructuras de gobierno rígidas e instituciones con jerarquías muy verticales es mucho mayor que el que enfrentan los empresarios. Simplemente, no podrán sobrevivir, a menos de que reconozcan, en el muy corto plazo, la necesidad y beneficios de reinventarse para incorporar los nuevos principios del método de la DDD a la política. Esta realidad la vio, muy claramente, Ithiel de Sola Pool, creador del Departamento de Ciencias Políticas de MIT, en 1983, cuando escribió que: “Las personas que piensan que el cambio social en términos tradicionales de política no puede comenzar a imaginar los cambios que se avecinan. Reformadores convencionales presentan sus programas en términos de políticas nacionales, o en términos de las leyes y la planificación central. Pero al final, lo que dará forma al futuro es un potencial creativo que es inherente en las nuevas tecnologías…”

Luis E. Loría es presidente del Instituto de Desarrollo Empresarial y Acción Social (IDEAS).

* Este artículo fue publicado, el martes 16 de julio de 2013, por el Hispanic American Center for Economic Research (Washington, D.C.). [Haga click aquí para ir al artículo original]

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